<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Desde el Sur del Mundo]]></title><description><![CDATA[Economist. Former Vice-Minister of International Economic Relations and former Vice-Minister of Finance (Chile). Writing about the changing world.]]></description><link>https://desdeelsurdelmundo.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!pv2J!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fbfe231d7-9116-4118-8445-f9b6d37e8b87_692x692.jpeg</url><title>Desde el Sur del Mundo</title><link>https://desdeelsurdelmundo.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Thu, 11 Jun 2026 06:51:15 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://desdeelsurdelmundo.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[clausanhueza]]></copyright><language><![CDATA[en]]></language><webMaster><![CDATA[desdeelsurdelmundo@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[desdeelsurdelmundo@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Claudia Sanhueza]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Claudia Sanhueza]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[desdeelsurdelmundo@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[desdeelsurdelmundo@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Claudia Sanhueza]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[La trampa de la incertidumbre]]></title><description><![CDATA[O c&#243;mo la b&#250;squeda de certezas termin&#243; produciendo m&#225;s inestabilidad]]></description><link>https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/la-trampa-de-la-incertidumbre</link><guid isPermaLink="false">https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/la-trampa-de-la-incertidumbre</guid><dc:creator><![CDATA[Claudia Sanhueza]]></dc:creator><pubDate>Sun, 31 May 2026 15:24:32 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/7b0183bd-3b3e-4622-a927-2517c773fc3c_773x1030.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En abril de 2025, los anuncios del <em>d&#237;a de la liberaci&#243;n</em> de Trump provocaron un aumento hist&#243;rico en los &#237;ndices de incertidumbre econ&#243;mica global que, al momento de escribir esta columna, no han recuperado sus niveles previos. No es un fen&#243;meno nuevo, Naciones Unidas hab&#237;a identificado a&#241;os antes lo que llam&#243; un &#8220;nuevo complejo de incertidumbre&#8221; que no solo afecta la econom&#237;a, sino tambi&#233;n a las personas, su salud mental y sus decisiones pol&#237;ticas. Esa incertidumbre busc&#243; certezas en propuestas populistas de extrema derecha. El resultado, hasta ahora, es el de los niveles m&#225;s altos de incertidumbre econ&#243;mica de las &#250;ltimas d&#233;cadas.</p><div><hr></div><p></p><p>SANTIAGO. En enero de 2020, antes de que la OMS declarara la pandemia global, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, dijo en Davos: &#8220;Si tuviera que identificar un tema con el que comienza la nueva d&#233;cada, ser&#237;a el incremento de la incertidumbre&#8221;. Cinco a&#241;os despu&#233;s, en abril de 2025, frente a los aranceles de Trump, se&#241;alaba: &#8220;Incertidumbre <em>off the charts</em>&#8221;. La incertidumbre se ha convertido en una condici&#243;n permanente del contexto global actual. Invisible, pero con implicancias concretas para la econom&#237;a, la pol&#237;tica y las personas. Por eso, vale la pena detenerse en sus distintos aspectos y en c&#243;mo podemos enfrentar esta nueva normalidad.</p><p>Una forma de entender la incertidumbre es como algo que existe en el entorno. Eso es el objetivo de los &#237;ndices de incertidumbre econ&#243;mica. Una de esas mediciones es el Global Economic Policy Uncertainty (GEPU) Index, desarrollado por Baker, Bloom y Davis (2016) a partir de la cobertura medi&#225;tica, de los pron&#243;sticos fiscales y de las disposiciones tributarias. Este pas&#243; de cerca de 200 puntos a m&#225;s de 500 en cuesti&#243;n de semanas en abril de 2025, debido a los anuncios de aranceles rec&#237;procos de Trump el &#8220;d&#237;a de la liberaci&#243;n&#8221;. Otro indicador es el World Uncertainty Index (WUI) Global, elaborado por Ahir, Bloom y Furceri (2022) para 143 pa&#237;ses a partir de los reportes trimestrales de la Economist Intelligence Unit, que tambi&#233;n mostr&#243; la misma tendencia. Ambos &#237;ndices, al momento de escribir esta columna, siguen por encima de sus niveles previos al 2 de abril.</p><p>Los efectos econ&#243;micos est&#225;n ampliamente estudiados. Primero, mediante el efecto <em>wait-and-see</em>, la inversi&#243;n y la contrataci&#243;n se congelan: cuando invertir resulta dif&#237;cil de revertir, las empresas prefieren esperar antes de comprometerse. Segundo, ante un mayor riesgo de resultados negativos, los hogares ahorran m&#225;s y gastan menos, las compras de bienes duraderos se posponen y la demanda cae. Tercero, la incertidumbre eleva el riesgo percibido por los intermediarios financieros, que responden subiendo el costo del cr&#233;dito, lo que contrae a&#250;n m&#225;s la inversi&#243;n y la producci&#243;n. Los tres canales operan simult&#225;neamente (Bernanke, 1983; Leland, 1968; Gilchrist et al., 2014). El resultado es una contracci&#243;n del crecimiento econ&#243;mico que puede volverse persistente si el entorno no se estabiliza. Bloom (2009) estim&#243; que el aumento de la incertidumbre en 2008 y 2009 explic&#243; cerca de un tercio de la ca&#237;da del producto en Estados Unidos.</p><p>Pero antes del aumento de la incertidumbre econ&#243;mica de 2025, el Informe de Desarrollo Humano 2021/22 de la ONU, titulado <em>Tiempos Inciertos, Vidas Inestables</em>, marc&#243; un giro hist&#243;rico. Por primera vez desde que se midi&#243; el &#205;ndice de Desarrollo Humano en 1990, el indicador cay&#243; durante dos a&#241;os consecutivos: 2020 y 2021. El informe diagnostica una nueva condici&#243;n que denomina &#8220;nuevo complejo de incertidumbre&#8221;. No se trata de crisis temporales que se superponen, sino de tres procesos que interact&#250;an de manera permanente: las crisis ambientales, las transformaciones tecnol&#243;gicas aceleradas y la polarizaci&#243;n pol&#237;tica creciente. La combinaci&#243;n genera una sensaci&#243;n estructural de vulnerabilidad que los indicadores econ&#243;micos tradicionales no captan adecuadamente.</p><p>El informe va m&#225;s all&#225; del entorno y cuantifica la incertidumbre interna de las personas a trav&#233;s de cuatro fuentes que convergen en un &#250;nico diagn&#243;stico. Antes de la pandemia, las personas ya reportaban sentirse m&#225;s inseguras. El &#205;ndice de Inseguridad Humana Percibida, elaborado a partir de la Encuesta Mundial de Valores, mostraba que seis de cada siete personas reportaban inseguridad en aspectos centrales de sus vidas. El Gallup Global Emotions Report registraba que el afecto negativo, el estr&#233;s, la tristeza, la ira y la preocupaci&#243;n alcanzaban su m&#225;ximo hist&#243;rico desde que comenz&#243; a medirse en 2006. Un an&#225;lisis de 14 millones de libros en ingl&#233;s, espa&#241;ol y alem&#225;n durante 125 a&#241;os detect&#243; un alza sin precedentes en expresiones asociadas a la depresi&#243;n y la angustia, superando incluso los niveles de la Gran Depresi&#243;n y las dos guerras mundiales, y los datos de b&#250;squedas <em>online</em> confirman el mismo patr&#243;n. Cuatro fuentes distintas, el mismo resultado: el malestar subjetivo creci&#243; de manera sostenida, incluso cuando los indicadores materiales segu&#237;an mejorando en promedio.</p><p>Una de las innovaciones del informe consiste precisamente en ampliar el diagn&#243;stico m&#225;s all&#225; de lo material. Los trastornos de salud mental aumentaron de forma significativa y el informe los aborda no solo como consecuencia de las crisis, sino tambi&#233;n como obst&#225;culo para enfrentarlas: la incertidumbre prolongada erosiona la capacidad de actuar y planificar. El problema central no es solo de recursos, sino de agencia: la percepci&#243;n de que las propias acciones pueden influir en el resultado. Cuando esa percepci&#243;n se pierde, la capacidad de acci&#243;n individual y colectiva disminuye.</p><p>Una investigaci&#243;n con datos de 200.000 personas en 23 pa&#237;ses mostr&#243; que el sentido de agencia, o control sobre la vida, es el principal determinante entre las condiciones socioecon&#243;micas y los resultados en salud f&#237;sica y mental (Global Flourishing Study, 2024). Quienes sienten que sus acciones no afectan su destino tienen hasta 4 veces m&#225;s probabilidades de reportar malestar f&#237;sico. Y no es solo la pobreza absoluta lo que erosiona ese sentido de control, la desigualdad relativa tambi&#233;n lo reduce, de manera sistem&#225;tica y entre culturas (Callan et al., 2025).</p><p>Las consecuencias de esta sensaci&#243;n de incertidumbre guardan un v&#237;nculo directo con la pol&#237;tica. Cuando las personas sienten que el suelo se mueve, buscan certeza. Gozyor (2022) analiz&#243; 24 pa&#237;ses europeos entre 1980 y 2020 y encontr&#243; que a mayor incertidumbre econ&#243;mica, mayor apoyo al voto populista de derecha. Guriev y Papaioannou (2022) sintetizan la literatura: la inseguridad no crea el populismo de la nada, pero s&#237; lo activa. Le da combustible a disposiciones que ya exist&#237;an. Las condiciones de fondo ya estaban dadas. La incertidumbre las encendi&#243;.</p><p>El problema es que la respuesta pol&#237;tica que prometi&#243; certeza produjo exactamente lo contrario. El momento de mayor incertidumbre econ&#243;mica registrado en los &#237;ndices no fue la pandemia de 2020, sino abril de 2025. La b&#250;squeda de certeza existencial gener&#243;, a trav&#233;s de la pol&#237;tica, una mayor incertidumbre econ&#243;mica. Ese es el c&#237;rculo vicioso en el que estamos hoy.</p><p>&#191;C&#243;mo salir de esta trampa? La evidencia comparada sugiere un camino. A fines de los a&#241;os setenta, el investigador neerland&#233;s Geert Hofstede (1980) analiz&#243; a trabajadores de IBM en decenas de pa&#237;ses y encontr&#243; que ninguna cultura tolera bien la incertidumbre. Lo que distingue a las sociedades que la manejan mejor no es una disposici&#243;n psicol&#243;gica superior: es la arquitectura colectiva que construyeron para contenerla. Normas, reglas, redes de protecci&#243;n, instituciones que funcionan. Pa&#237;ses como Jap&#243;n, con alt&#237;sima aversi&#243;n a la incertidumbre medida por Hofstede, la gestionaron precisamente porque construyeron estructuras que la reducen antes de que llegue al individuo.</p><p>Esta heterogeneidad cultural no es est&#225;tica ni converge. Un estudio reciente, publicado en <em>Nature Communications</em> y que analiz&#243; datos de 76 culturas nacionales entre 1981 y 2022, encontr&#243; que los valores de tolerancia y autoexpresi&#243;n han divergido de manera creciente, especialmente entre los pa&#237;ses de altos ingresos occidentales y el resto del mundo (Hruschka et al., 2024). La brecha no se cierra con el desarrollo econ&#243;mico, sino que se ampl&#237;a. Eso tiene una implicancia directa para Am&#233;rica Latina. No es que seamos culturalmente incapaces de manejar la incertidumbre, sino que operamos con recursos institucionales m&#225;s limitados para absorberla en un momento en que la distancia respecto de quienes m&#225;s los tienen aumenta.</p><p>La investigaci&#243;n fue extendida por Bond y Hofstede (1988), quienes desarrollaron una nueva dimensi&#243;n a partir del Chinese Values Survey: la Orientaci&#243;n a Largo Plazo. La dimensi&#243;n mide c&#243;mo las sociedades equilibran sus v&#237;nculos con el pasado y con los desaf&#237;os del presente y del futuro. Las sociedades con alta orientaci&#243;n al largo plazo tienden a valorar la perseverancia, la adaptaci&#243;n pragm&#225;tica y la acumulaci&#243;n gradual de resultados; las de orientaci&#243;n al corto plazo privilegian las tradiciones establecidas y los resultados inmediatos. Asia oriental muestra de manera consistente los valores m&#225;s altos en esta dimensi&#243;n; Am&#233;rica Latina se ubica en el extremo opuesto (Hofstede, Hofstede y Minkov, 2010). Esto importa porque los desaf&#237;os que tenemos por delante no tienen soluciones a corto plazo. Requieren paciencia estrat&#233;gica y acuerdos que trasciendan los ciclos electorales.</p><p>Cuando los aranceles de abril de 2025 cambiaron el entorno econ&#243;mico a nivel global, los gobiernos recibieron, de distintas formas, el mensaje de preocupaci&#243;n de los sectores privados. Lo interesante no fue solo la preocupaci&#243;n, sino hacia d&#243;nde se dirigi&#243;. Los empresarios buscaron al Estado. El impacto sobre sus negocios no era solo directo, sino tambi&#233;n indirecto, a trav&#233;s del efecto en las econom&#237;as a las que estamos integrados verticalmente. Chile form&#243; un comit&#233; interinstitucional y transversal, con representantes del sector privado, del sector p&#250;blico y de expertos, para coordinar una respuesta nacional. Fue un momento en el que la articulaci&#243;n entre los actores demostr&#243; su valor y en el que el Estado, a trav&#233;s de la diplomacia econ&#243;mica, desempe&#241;&#243; un papel.</p><p>En definitiva, la incertidumbre humana y social no se resuelve con m&#225;s incertidumbre econ&#243;mica, y menos a&#250;n con el desmantelamiento de las instituciones p&#250;blicas nacionales y multilaterales que tomaron d&#233;cadas en construirse. Se resuelve por la v&#237;a contraria: Estado que funciona, protecci&#243;n social que alcanza, coordinaci&#243;n p&#250;blico-privada transparente, horizonte de largo plazo cre&#237;ble. La pregunta ya no es c&#243;mo volver al mundo de certezas del pasado, sino c&#243;mo construir sociedades capaces de prosperar en condiciones de incertidumbre permanentes.</p><div><hr></div><p>Muchas de las transformaciones globales que he venido abordando en estas columnas, como la fragmentaci&#243;n geopol&#237;tica, la competencia tecnol&#243;gica, las tensiones comerciales y los desaf&#237;os del desarrollo, comparten un denominador com&#250;n: la incertidumbre. No parece que vayamos a regresar pronto a un mundo m&#225;s predecible. La respuesta no es menoscabar las instituciones nacionales e internacionales, sino todo lo contrario: fortalecer lo com&#250;n y crear las capacidades y los acuerdos que nos permitan actuar en medio de esta.</p><p></p><p></p><p>Referencias</p><ul><li><p>Ahir, H., Bloom, N., &amp; Furceri, D. (2022). The World Uncertainty Index (NBER Working Paper No. 29763). National Bureau of Economic Research. <a href="https://doi.org/10.3386/w29763">https://doi.org/10.3386/w29763</a></p></li><li><p>Baker, S. R., Bloom, N., &amp; Davis, S. J. (2016). Measuring economic policy uncertainty. The Quarterly Journal of Economics, 131(4), 1593&#8211;1636. <a href="https://doi.org/10.1093/qje/qjw024">https://doi.org/10.1093/qje/qjw024</a></p></li><li><p>Bernanke, B. S. (1983). Irreversibility, uncertainty, and cyclical investment. The Quarterly Journal of Economics, 98(1), 85&#8211;106. <a href="https://doi.org/10.2307/1885568">https://doi.org/10.2307/1885568</a></p></li><li><p>Bloom, N. (2009). The impact of uncertainty shocks. Econometrica, 77(3), 623&#8211;685. <a href="https://doi.org/10.3982/ECTA6248">https://doi.org/10.3982/ECTA6248</a></p></li><li><p>Bond, M. H., &amp; Chinese Culture Connection. (1987). Chinese values and the search for culture-free dimensions of culture. Journal of Cross-Cultural Psychology, 18(2), 143&#8211;164. <a href="https://doi.org/10.1177/0022022187182002">https://doi.org/10.1177/0022022187182002</a></p></li><li><p>Callan, M. J., et al. (2025). Personal relative deprivation and locus of control. PLoS ONE. <a href="https://doi.org/10.1371/journal.pone.0223169">https://doi.org/10.1371/journal.pone.0223169</a></p></li><li><p>Gilchrist, S., Sim, J. W., &amp; Zakraj&#353;ek, E. (2014). Uncertainty, financial frictions, and investment dynamics (NBER Working Paper No. 20038). National Bureau of Economic Research. <a href="https://doi.org/10.3386/w20038">https://doi.org/10.3386/w20038</a></p></li><li><p>Global Flourishing Study. (2024). Sense of mastery explains social patterning of health. PMC. <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12248847/">https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12248847/</a></p></li><li><p>Gozyor, G. (2022). The role of economic uncertainty in the rise of EU populism. Public Choice, 190(1&#8211;2), 229&#8211;246. <a href="https://doi.org/10.1007/s11127-021-00933-7">https://doi.org/10.1007/s11127-021-00933-7</a></p></li><li><p>Guriev, S., &amp; Papaioannou, E. (2022). The political economy of populism. Journal of Economic Literature, 60(3), 753&#8211;832. <a href="https://doi.org/10.1257/jel.20201595">https://doi.org/10.1257/jel.20201595</a></p></li><li><p>Hofstede, G. (1980). Culture&#8217;s consequences: International differences in work-related values. Sage.</p></li><li><p>Hofstede, G., &amp; Bond, M. H. (1988). The Confucius connection: From cultural roots to economic growth. Organizational Dynamics, 16(4), 5&#8211;21. <a href="https://doi.org/10.1016/0090-2616(88)90009-5">https://doi.org/10.1016/0090-2616(88)90009-5</a></p></li><li><p>Hofstede, G., Hofstede, G. J., &amp; Minkov, M. (2010). Cultures and organizations: Software of the mind (3rd ed.). McGraw-Hill.</p></li><li><p>Hruschka, D., et al. (2024). Worldwide divergence of values. Nature Communications, 15, 3171. <a href="https://doi.org/10.1038/s41467-024-46581-5">https://doi.org/10.1038/s41467-024-46581-5</a></p></li><li><p>Leland, H. E. (1968). Saving and uncertainty: The precautionary demand for saving. The Quarterly Journal of Economics, 82(3), 465&#8211;473. <a href="https://doi.org/10.2307/1879518">https://doi.org/10.2307/1879518</a></p></li><li><p>UNDP. (2022). Human Development Report 2021/22: Uncertain times, unsettled lives. United Nations Development Programme. <a href="https://hdr.undp.org/content/human-development-report-2021-22">https://hdr.undp.org/content/human-development-report-2021-22</a></p></li><li><p>Imagen: &#8220;Smile&#8221; de Mr. Brainwash.</p></li></ul>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Otra neutralidad estratégica]]></title><description><![CDATA[Neutralidad frente al origen del capital; selectividad estrat&#233;gica para el desarrollo]]></description><link>https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/otra-neutralidad-estrategica</link><guid isPermaLink="false">https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/otra-neutralidad-estrategica</guid><dc:creator><![CDATA[Claudia Sanhueza]]></dc:creator><pubDate>Sun, 24 May 2026 14:29:24 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/4d0099ec-26be-493a-be07-0584cab00b28_1920x1536.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Usualmente se habla del comercio internacional como el principal motor de la globalizaci&#243;n. Pero buena parte del poder econ&#243;mico contempor&#225;neo fluye por otro canal menos visible: la inversi&#243;n extranjera directa.</p><p>A diferencia del comercio, la inversi&#243;n instala empresas, infraestructura y capacidades productivas en los pa&#237;ses. Define los empleos, las cadenas de suministro, el acceso a la tecnolog&#237;a y las posiciones de poder econ&#243;mico a largo plazo. Y en el contexto actual de fragmentaci&#243;n geopol&#237;tica, tambi&#233;n se ha convertido en una herramienta estrat&#233;gica para los Estados.</p><div><hr></div><p></p><p>SANTIAGO.&#9;La semana pasada tuve la oportunidad de comentar el libro <em>Economic Displacement: China and the End of US Primacy in Latin America</em> (Urdinez, 2025), en el que se analizan de manera s&#243;lida los efectos del reordenamiento econ&#243;mico global en Am&#233;rica Latina. Uno de sus cap&#237;tulos presenta un experimento sobre preferencias sociales respecto del pa&#237;s de origen de un proyecto de inversi&#243;n extranjera directa. Los resultados sorprenden: las personas son neutrales respecto al origen del capital; da igual si proviene de China, de Estados Unidos o de Arabia Saudita. Lo que importa es que genere empleo y contribuya a desconcentrar la econom&#237;a. La &#250;nica excepci&#243;n es el cobre, donde se observa una clara preferencia por la empresa nacional.</p><p>Ese hallazgo es un punto de partida relevante para quienes construyen el debate regional como si Am&#233;rica Latina estuviera obligada a elegir entre bloques. La ciudadan&#237;a, al menos en Chile, parece haber resuelto esa discusi&#243;n de manera pragm&#225;tica.</p><p>La inversi&#243;n extranjera directa es una dimensi&#243;n relativamente oculta de la diplomacia econ&#243;mica. A diferencia del comercio exterior, la IED implica la transferencia de capital, tecnolog&#237;a de producci&#243;n y control administrativo para instalar una empresa f&#237;sicamente en territorio nacional. Por eso tiene efectos directos en las posibilidades de expansi&#243;n de la econom&#237;a local, del empleo y de la infraestructura. Se esperan, adem&#225;s, beneficios a largo plazo derivados de los spillover effects y de la introducci&#243;n de competencia, que aumenten la innovaci&#243;n y los est&#225;ndares productivos. Son compromisos de largo plazo que requieren un marco institucional estable, pero tampoco se ajustan al primer shock (OCDE, 2025).</p><p>El stock de IED representa entre el 40% y el 45% del PIB mundial (Eurostat, 2026) y constituye uno de los pilares de la integraci&#243;n econ&#243;mica internacional. Para las econom&#237;as en desarrollo, representan capital, tecnolog&#237;a y acceso a mercados que dif&#237;cilmente se generar&#237;an internamente a la misma escala. En Am&#233;rica Latina, donde la inversi&#243;n p&#250;blica est&#225; estructuralmente restringida y la inversi&#243;n privada dom&#233;stica es insuficiente, el capital externo representa una posibilidad real para ampliar la frontera productiva y diversificar la matriz econ&#243;mica.</p><p>Sin embargo, la globalizaci&#243;n atraviesa una etapa distinta. Tras el <em>peak</em> de los a&#241;os 2000, la relaci&#243;n entre IED y PIB global ha descendido de forma sostenida. La fragmentaci&#243;n geopol&#237;tica, el nearshoring y la incertidumbre en la pol&#237;tica econ&#243;mica est&#225;n reconfigurando las cadenas globales de suministro. Seg&#250;n el &#205;ndice Global de Incertidumbre de Pol&#237;tica Econ&#243;mica de Baker, Bloom y Davis (policyuncertainty.com, 2025), estamos viviendo el per&#237;odo de mayor incertidumbre econ&#243;mica en m&#225;s de treinta a&#241;os. La IED productiva global cay&#243; por segundo a&#241;o consecutivo en 2024 (UNCTAD, 2025).</p><p>Am&#233;rica Latina y el Caribe no es la excepci&#243;n: los flujos equivalen hoy al 2,8% del PIB regional, por debajo del promedio de la d&#233;cada anterior (CEPAL, 2025). Lo m&#225;s preocupante no es el monto, sino su composici&#243;n: el crecimiento reciente est&#225; impulsado principalmente por la reinversi&#243;n de utilidades de empresas ya instaladas, no por nuevas firmas interesadas en instalarse.</p><p>El t&#237;tulo del libro de Urdinez pantea expl&#237;citamente la idea de un desplazamiento de la primac&#237;a estadounidense por parte de China en Am&#233;rica Latina . Pero los datos de IED matizan esa narrativa. En flujos recientes, Estados Unidos concentra el 38% del total regional, seguido de Europa con el 15% y de China con el 2%. Aunque esta &#250;ltima cifra subestima su presencia real dado que una proporci&#243;n significativa de su inversi&#243;n llega a trav&#233;s de terceros pa&#237;ses o bajo modalidades de concesi&#243;n y contratos de construcci&#243;n que no se contabilizan en las estad&#237;sticas de balanza de pagos (CEPAL, 2025).</p><p>En t&#233;rminos de stock acumulado, la fotograf&#237;a es a&#250;n m&#225;s reveladora: Europa es el primer bloque inversor hist&#243;rico en Am&#233;rica Latina y el Caribe (Eurostat, 2026) y ocupa la primera posici&#243;n en la regi&#243;n, con Espa&#241;a representando el 15% del stock regional por s&#237; sola (Banco de Espa&#241;a, 2025). El debate geopol&#237;tico polarizado entre Washington y Pek&#237;n simplifica una realidad mucho m&#225;s compleja.</p><p>Tambi&#233;n importa la composici&#243;n sectorial de dichas inversiones. Estados Unidos concentra su capital en servicios financieros, tecnolog&#237;a, infraestructura digital y manufactura de exportaci&#243;n, particularmente en el ecosistema de nearshoring de M&#233;xico y Centroam&#233;rica, y lidera los megaproyectos de hidrocarburos en Guyana. Europa lidera en energ&#237;as renovables (solar, e&#243;lica e hidr&#243;geno verde) y en servicios de largo plazo (banca, telecomunicaciones y distribuci&#243;n de energ&#237;a), especialmente en Brasil y M&#233;xico. China orienta gran parte de su inversi&#243;n a minerales cr&#237;ticos, electricidad e infraestructura f&#237;sica, con inversi&#243;n greenfield que, entre 2020 y 2024, represent&#243; el 52% del total de su IED en la regi&#243;n (CEPAL/Dussel Peters, Monitor OFDI, 2025).</p><p>Lo que emerge de este mapa sectorial es una l&#243;gica no neutral: cada potencia invierte en l&#237;nea con su propio proyecto de desarrollo. Estados Unidos ancla el nearshoring para fortalecer su cadena de suministro regional. China asegura los insumos cr&#237;ticos para su propia transici&#243;n industrial. Europa exporta su modelo de descarbonizaci&#243;n. La IED, lejos de ser un flujo apol&#237;tico de capital, tambi&#233;n es un instrumento de pol&#237;tica econ&#243;mica.</p><p>Volviendo al experimento de Urdinez: la neutralidad ciudadana respecto al origen del capital no es neutralidad respecto al proyecto de desarrollo. La ciudadan&#237;a no tiene preferencia por la bandera del inversionista, pero s&#237; tiene preferencias muy claras sobre lo que espera de esa inversi&#243;n: empleo y desconcentraci&#243;n econ&#243;mica. Y cuando se trata de recursos estrat&#233;gicos propios, como el cobre, en el caso chileno, la preferencia es por la empresa nacional.</p><p>No toda la IED es equivalente y esta distinci&#243;n es m&#225;s importante que su origen. Los megaproyectos de minerales cr&#237;ticos e hidrocarburos generan flujos estad&#237;sticos significativos, pero pocos empleos y encadenamientos: el 62% de las exportaciones de minerales cr&#237;ticos de la regi&#243;n se realizan sin procesar o con refinaci&#243;n b&#225;sica (CEPAL, 2025). En cambio, la manufactura avanzada, la energ&#237;a renovable y las plataformas tecnol&#243;gicas generan multiplicadores reales en el empleo formal, la productividad y la base tributaria. La OCDE subraya que atraer IED hacia las renovables, la infraestructura digital y las industrias de media y alta tecnolog&#237;a es la v&#237;a m&#225;s directa para impulsar la transformaci&#243;n productiva de la regi&#243;n (OCDE, 2025).</p><p>La pregunta, entonces, no es de qui&#233;n aceptamos capital. La pregunta es bajo qu&#233; condiciones entra y si contamos con las instituciones para sostener esas condiciones frente a actores que tienen mucho m&#225;s poder de negociaci&#243;n. Pa&#237;ses como Chile y Costa Rica muestran flujos de IED, como porcentaje del PIB, consistentemente superiores al promedio regional y al de la OCDE, debido, en gran medida, a la calidad de sus instituciones.</p><p>Aqu&#237; est&#225; el verdadero margen de acci&#243;n y es institucional. En el contexto actual de incertidumbre global, las instituciones que atraen inversi&#243;n de calidad son aquellas que combinan dos virtudes aparentemente contradictorias: neutralidad respecto del origen del capital y selectividad respecto de los sectores estrat&#233;gicos. Neutralidad, porque en un mundo fragmentado en bloques, los pa&#237;ses que se atan a un solo inversor pierden poder de negociaci&#243;n y exponen su econom&#237;a a los vaivenes de una sola relaci&#243;n bilateral. Selectividad, porque no toda inversi&#243;n contribuye al mismo proyecto de desarrollo.</p><p>Los instrumentos de esa pol&#237;tica incluyen estrategias de atracci&#243;n de IED con objetivos sectoriales expl&#237;citos, mandatos de contenido local, exigencias de transferencia tecnol&#243;gica, acuerdos de inversi&#243;n que equilibren la certeza jur&#237;dica y la soberan&#237;a regulatoria, instituciones p&#250;blicas eficientes y colaboraci&#243;n p&#250;blico-privada que permita a los Estados participar del valor generado sin ahuyentar al capital privado. El acuerdo entre Codelco y el sector privado para la explotaci&#243;n del litio, con participaci&#243;n mayoritaria del Estado, es un ejemplo de ese equilibrio posible.</p><p>Solo a trav&#233;s de ese tipo de arquitectura institucional la IED puede cumplir con lo que promete: transferencia de tecnolog&#237;a,  aumento de la productividad y desarrollo sostenible. La ciudadan&#237;a latinoamericana parece saber lo que quiere: empleo, desconcentraci&#243;n y control de los recursos propios. El desaf&#237;o no es pol&#237;tico en el sentido geopol&#237;tico del t&#233;rmino. Es institucional en el sentido m&#225;s exigente: construir Estados capaces de sostener una estrategia de desarrollo cre&#237;ble en un mundo cada vez m&#225;s fragmentado.</p><div><hr></div><p>Una parte importante del reordenamiento global se est&#225; jugando en espacios que a menudo parecen t&#233;cnicos: cadenas de suministro, minerales cr&#237;ticos, energ&#237;a, infraestructura digital, financiamiento e inversi&#243;n.</p><p>Pero detr&#225;s de esos temas hay preguntas profundamente pol&#237;ticas: qui&#233;n controla la tecnolog&#237;a, qui&#233;n captura el valor agregado y qu&#233; pa&#237;ses logran transformar la integraci&#243;n internacional en desarrollo.</p><p>Seguir&#233; explorando estas preguntas en pr&#243;ximas columnas. Porque entender la econom&#237;a mundial desde el Sur tambi&#233;n implica comprender c&#243;mo se reorganiza el poder.</p><p></p><p><strong>Referencias</strong></p><ul><li><p>Baker, Scott R., Nicholas Bloom, and Steven J. Davis. &#8220;Measuring Economic Policy Uncertainty.&#8221; Journal of Political Economy, vol. 124, no. 4, 2016, pp. 1593&#8211;1636. Datos actualizados a 2025: www.policyuncertainty.com</p></li><li><p>Banco de Espa&#241;a. &#8220;La inversi&#243;n extranjera directa entre Am&#233;rica Latina y Espa&#241;a.&#8221; Bolet&#237;n Econ&#243;mico 2025/T1, art&#237;culo 05. &#193;lvarez, I., Berganza, J.C. y Mart&#237;n Machuca, C., marzo 2025.</p></li><li><p>CEPAL. La Inversi&#243;n Extranjera Directa en Am&#233;rica Latina y el Caribe 2024. Comisi&#243;n Econ&#243;mica para Am&#233;rica Latina y el Caribe, Santiago, 2024.</p></li><li><p>CEPAL. La Inversi&#243;n Extranjera Directa en Am&#233;rica Latina y el Caribe 2025. Comisi&#243;n Econ&#243;mica para Am&#233;rica Latina y el Caribe, Santiago, 2025.</p></li><li><p>CEPAL/Dussel Peters, Enrique. Monitor de la OFDI de China en Am&#233;rica Latina y el Caribe 2025: red ALC-China, 2025.</p></li><li><p>CFR (Council on Foreign Relations). &#8220;China in Latin America: February 2026.&#8221; Jonas Wright-Lee, marzo 2026.</p></li><li><p>Eurostat. &#8220;World Direct Investment Patterns&#8221;, Statistics Explained, datos extra&#237;dos en enero de 2026. Comisi&#243;n Europea. https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=World_direct_investment_patterns</p></li><li><p>OCDE et al. Latin American Economic Outlook 2025: Promoting and Financing Production Transformation. OECD Publishing, Par&#237;s, 2025. https://doi.org/10.1787/80e48de5-en</p></li><li><p>OCDE. Assessing the Socio-economic Impact of Foreign Direct Investment in Latin America and the Caribbean. OECD Publishing, Par&#237;s, 2025.</p></li><li><p>UNCTAD. World Investment Report 2024: Investment Facilitation and Digital Government. United Nations Conference on Trade and Development, Geneva, 2024.</p></li><li><p>UNCTAD. World Investment Report 2025. United Nations Conference on Trade and Development, Geneva, 2025.</p></li><li><p>Urdinez, Francisco. Economic Displacement: China and the End of US Primacy in Latin America. Cambridge University Press, 2025.</p></li></ul>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Geopolítica sin mujeres]]></title><description><![CDATA[Hay im&#225;genes que condensan una &#233;poca entera]]></description><link>https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/geopolitica-sin-mujeres</link><guid isPermaLink="false">https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/geopolitica-sin-mujeres</guid><dc:creator><![CDATA[Claudia Sanhueza]]></dc:creator><pubDate>Sun, 17 May 2026 21:01:03 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/a44cecc2-65a0-44e2-b006-1cf7d79d20ca_750x450.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En las &#250;ltimas semanas he escrito sobre el reordenamiento del poder global, la fragmentaci&#243;n del sistema internacional y las nuevas disputas en torno a la tecnolog&#237;a, el comercio y las capacidades estrat&#233;gicas. Pero hay otra dimensi&#243;n de ese reordenamiento que aparece menos en el debate y que, sin embargo, tambi&#233;n dice mucho sobre el mundo que est&#225; emergiendo: qui&#233;nes est&#225;n sentados en las mesas donde se dise&#241;a ese nuevo orden.</p><div><hr></div><p>SANTIAGO.&#9;El 14 de mayo de 2026, en el Gran Sal&#243;n del Pueblo de Beijing, se sentaron frente a frente las delegaciones de las dos econom&#237;as m&#225;s poderosas del planeta. En esa mesa hab&#237;a representantes del poder ejecutivo y del poder pol&#237;tico, con las agendas prioritarias de sus respectivos gobiernos: inteligencia artificial, cadenas de suministro, minerales cr&#237;ticos, seguridad, comercio, estabilidad financiera, entre otros. Temas que redefinir&#225;n la econom&#237;a y el poder global en las pr&#243;ximas d&#233;cadas. Veintitr&#233;s personas alrededor de la mesa. Ninguna mujer.</p><p>La primera pregunta que me hago no es moral sino estructural. Las mesas de alto nivel no se arman al azar. Reflejan con precisi&#243;n las prioridades de los gobiernos que las convocan y el poder econ&#243;mico que las precede.</p><p>Un estudio sobre los or&#237;genes de la diplomacia econ&#243;mica chilena en el siglo XIX documenta que fueron los agentes privados, comerciantes, casas de comercio y banqueros mercantiles, quienes precedieron y configuraron los acuerdos formales entre Estados. Los comerciantes ingleses en Valpara&#237;so acudieron al Foreign Office antes de que existiera ning&#250;n tratado. La casa Huth &amp; Co. conect&#243; a Chile con Estados Unidos, China, Espa&#241;a y Brasil antes de que hubiera acuerdos formales. La diplomacia econ&#243;mica no antecedi&#243; al poder econ&#243;mico. Lo sigui&#243;. Y el poder econ&#243;mico, en todas las &#233;pocas, ha sido desproporcionadamente masculino. La mesa de Beijing no es una excepci&#243;n hist&#243;rica. Es su expresi&#243;n m&#225;s concentrada en el presente. Lo que se desprende de esto es directo. Si quienes hist&#243;ricamente han convocado esas mesas representan una fracci&#243;n del mundo, la fracci&#243;n con capital, con redes, con acceso, el orden que de ellas emerge refleja esos intereses. Agregar la dimensi&#243;n de g&#233;nero no cambia el argumento. Lo completa.</p><p>La tendencia general, sin embargo, en el &#225;mbito del poder econ&#243;mico, ha sido de mejora, lenta pero sostenida. En la Fortune 500, las mujeres pasaron de dirigir menos del 2% de las empresas en el a&#241;o 2000 a alcanzar un r&#233;cord del 11% en 2025. En el ranking de billonarios de Forbes, su participaci&#243;n creci&#243; desde cifras marginales hace dos d&#233;cadas hasta el 13,4% actual. En la industria tecnol&#243;gica, las mujeres representan hoy entre el 27% y el 35% de la fuerza laboral en Estados Unidos, dependiendo de c&#243;mo se mida el sector, y cifras comparables en China, aunque las definiciones difieren y la comparaci&#243;n directa no es robusta. En la delegaci&#243;n empresarial que acompa&#241;&#243; a Trump a Beijing, de hecho, hab&#237;a dos mujeres: Jane Fraser, de Citi, y Dina Powell McCormick, de Meta.</p><p>Sin embargo, los datos sobre el empoderamiento pol&#237;tico muestran algo diferente: no una mejora ni un estancamiento, sino un retroceso del liderazgo pol&#237;tico femenino a nivel global. El informe Women Political Leaders 2025 documenta una ca&#237;da en la presencia de mujeres en puestos ejecutivos, como jefas de Estado, de gobierno y ministras de carteras estrat&#233;gicas. Las causas se atribuyen principalmente al acoso y la violencia que las mujeres en pol&#237;tica enfrentan de manera sistem&#225;tica, especialmente en el espacio digital; normas sociales que todav&#237;a llevan a casi la mitad de la poblaci&#243;n mundial a creer que los hombres son mejores l&#237;deres pol&#237;ticos, seg&#250;n el PNUD; la doble carga del trabajo dom&#233;stico y de cuidados; el acceso desigual al financiamiento de campa&#241;a; y sistemas electorales que, sin cuotas mandatorias, reproducen las jerarqu&#237;as existentes porque las &#233;lites partidarias, mayoritariamente masculinas, eligen candidatos que se les parecen.</p><p>Este &#250;ltimo punto tiene un nombre acad&#233;mico: homofilia. Quienes tienen el poder de elegir tienden a elegir a quienes se parecen a s&#237; mismos. No es conspiraci&#243;n. Es un mecanismo ampliamente documentado que opera incluso sin intenci&#243;n expl&#237;cita y produce resultados sistem&#225;ticos. Las mesas no est&#225;n vac&#237;as de mujeres porque alguien lo decidi&#243; una ma&#241;ana. Est&#225;n vac&#237;as porque una larga cadena de decisiones institucionales y personales las fue excluyendo antes de que llegaran ah&#237;.</p><p>La mesa de Beijing no es una reuni&#243;n de rutina. Es el lugar donde, de alguna manera, se est&#225;n conversando las reglas del orden que viene: el que reemplazar&#225; al orden liberal construido despu&#233;s de 1945 y que hoy se fragmenta a un ritmo acelerado. He argumentado antes en esta serie que el mundo se mueve hacia una difusi&#243;n del poder, y que la pregunta decisiva es si ese movimiento deriva en cooperaci&#243;n o en fragmentaci&#243;n.</p><p>Lo que se conversa en esas mesas del poder geopol&#237;tico va a determinar qui&#233;n produce qu&#233;, en qu&#233; condiciones y con qu&#233; renta durante las pr&#243;ximas d&#233;cadas. Las reglas que emerjan de esa conversaci&#243;n tendr&#225;n consecuencias distributivas enormes: sobre el empleo, los salarios, qu&#233; sectores crecen y cu&#225;les se contraen, qu&#233; pa&#237;ses logran anclar valor en su territorio y cu&#225;les siguen exportando materias primas.</p><p>Que la mitad de la humanidad no est&#233; presente cuando esas decisiones se toman no es solo un problema de representaci&#243;n simb&#243;lica. Tambi&#233;n afecta a hacia d&#243;nde se orienta el dise&#241;o del orden que emerge de esas conversaciones. Si los intereses que convocan la mesa son masculinos en su composici&#243;n, la pregunta leg&#237;tima es hacia qu&#233; bien com&#250;n apunta el resultado.</p><p>Hay algo m&#225;s profundo ocurriendo, adem&#225;s. A medida que la globalizaci&#243;n cede espacio a la geoeconom&#237;a y a la competencia entre potencias, el poder global parece volver a formas m&#225;s tradicionales y masculinizadas de organizaci&#243;n. El siglo XXI iba a ser, en teor&#237;a, el siglo de las redes, la diversidad y la gobernanza global. Pero frente a la fragmentaci&#243;n y la rivalidad estrat&#233;gica, reaparece una est&#233;tica mucho m&#225;s cl&#225;sica del poder: hombres, Estados, seguridad, industria, control tecnol&#243;gico y negociaci&#243;n entre potencias.</p><p>&#191;Por qu&#233; importa lo que se ve? Porque lo que vemos se&#241;ala algo.</p><p>Un experimento natural en India, la ley de 1993 que asign&#243; liderazgos en concejos comunales al azar, mostr&#243; con rigor que la presencia de mujeres l&#237;deres redujo la brecha de aspiraciones entre ni&#241;as adolescentes en un 32% tras dos ciclos electorales. El mecanismo no es m&#225;gico. Es el efecto de ver que algo es posible. Cuando una ni&#241;a no ve mujeres en los espacios de poder, aprende, sin que nadie se lo diga expl&#237;citamente, que ese no es su lugar.</p><p>La investigaci&#243;n sobre matem&#225;ticas en Alemania del Este y Alemania del Oeste muestra algo similar: misma gen&#233;tica, misma cultura base, cuarenta a&#241;os de instituciones distintas, y las ni&#241;as del Este desarrollaron mayor confianza, menor ansiedad y mejor desempe&#241;o en matem&#225;ticas. Muchas diferencias que asumimos como naturales son, en realidad, producidas institucionalmente.</p><p>La mesa de Beijing, entonces, no es solo un problema de justicia. Es tambi&#233;n una se&#241;al. Y las se&#241;ales, especialmente las que provienen de los espacios de poder m&#225;s visibles del planeta, tienen efectos reales sobre lo que las generaciones que miran creen posible para ellas.</p><p>El G20 Brasil 2024 incorpor&#243; compromisos de g&#233;nero en sus declaraciones sobre comercio, trabajo y econom&#237;a digital, un avance real respecto de presidencias anteriores. Pero esos compromisos se concentran en la participaci&#243;n econ&#243;mica: brechas laborales, econom&#237;a del cuidado, inclusi&#243;n financiera. En materia de poder pol&#237;tico, los &#250;nicos compromisos concretos apuntan a aumentar la representaci&#243;n de las mujeres en los cargos de la ONU, no en los propios gabinetes de los pa&#237;ses del G20. La distinci&#243;n no es menor: el G20 puede comprometerse a reformar instituciones externas con m&#225;s facilidad que a reformarse a s&#237; mismo. Y ya en 2025, el grupo de trabajo sobre el empoderamiento de las mujeres no logr&#243; siquiera alcanzar un consenso para emitir una declaraci&#243;n.</p><p>Xi Jinping habla de la <em>common prosperity</em> como principio organizador del desarrollo chino. Donald Trump habla de hacer de Am&#233;rica una gran naci&#243;n de nuevo. Dos visiones distintas del mundo, con un punto de convergencia que rara vez se menciona: las conversaciones en las que se dise&#241;a ese futuro com&#250;n no incluyen a la mitad de la humanidad.</p><p>No termino con un llamado a la cuota ni con una denuncia. Termino con una pregunta que me hago a m&#237; misma y que les hago a las mujeres que est&#225;n leyendo esto: si queremos ver mujeres en esas mesas, y creo que debemos querer, porque ah&#237; se est&#225; dise&#241;ando el orden geopol&#237;tico que definir&#225; las pr&#243;ximas d&#233;cadas, hay que disputar los espacios que las preceden. Las carteras de finanzas, defensa, comercio y tecnolog&#237;a. Los fondos de inversi&#243;n. Las salas de directorio de las empresas que llegan con sus presidentes para negociar. Sheryl Sandberg ten&#237;a raz&#243;n en algo: hay que sentarse a la mesa. No porque seamos mejores que los hombres, sino porque hay suficiente evidencia de que las mesas homog&#233;neas toman peores decisiones. Y porque la prosperidad que no nos incluye en su dise&#241;o dif&#237;cilmente nos incluir&#225; en sus frutos.</p><p>Gita Gopinath, economista de Harvard y ex n&#250;mero dos del FMI, lo resumi&#243; con precisi&#243;n al ver la imagen de Beijing: &#8220;A painting of the end of meritocracy: A meeting of the two largest economies and not one woman at the table.&#8221; Inexplicable, dijo. Yo agregar&#237;a: y evitable.</p><div><hr></div><p>He escrito antes en este espacio que el mundo est&#225; entrando en una nueva etapa de fragmentaci&#243;n y competencia estrat&#233;gica. Pero hay otra pregunta que tambi&#233;n deber&#237;amos hacernos: &#191;qui&#233;nes est&#225;n imaginando ese nuevo orden y qui&#233;nes siguen quedando fuera de su dise&#241;o?</p><p>Porque las mesas homog&#233;neas no solo son injustas. Tambi&#233;n tienden a producir visiones m&#225;s estrechas del futuro. Y si queremos que las pr&#243;ximas generaciones de mujeres participen en las decisiones que definir&#225;n el siglo XXI, no basta con mirar esas im&#225;genes con incomodidad. Hay que disputar los espacios que conducen hasta ellas.</p><p></p><p><strong>Referencias:</strong></p><ul><li><p>Beaman, Lori, Esther Duflo, Rohini Pande y Petia Topalova. &#8220;Female Leadership Raises Aspirations and Educational Attainment for Girls: A Policy Experiment in India.&#8221; Science, vol. 335, n&#250;m. 6068, 3 de febrero de 2012, pp. 582&#8211;586. DOI: 10.1126/science.1212382.</p></li><li><p>Foro Econ&#243;mico Mundial. Global Gender Gap Report 2024. World Economic Forum, Ginebra, 2024.</p></li><li><p>Forbes. Forbes World&#8217;s Billionaires List 2025. Forbes Media, Nueva York, 2025. https://www.forbes.com/billionaires</p></li><li><p>Fortune. Fortune 500 (2025). Fortune Media, Nueva York, 2025. https://fortune.com/ranking/fortune500</p></li><li><p>G20 Brasil. Declaraci&#243;n Ministerial sobre Empoderamiento de Mujeres. Reuni&#243;n de Ministras y Ministros responsables de Pol&#237;ticas de Igualdad de G&#233;nero, Brasilia, octubre de 2024.</p></li><li><p>Lippmann, Quentin y Claudia Senik. &#8220;Math, Girls and Socialism.&#8221; Journal of Comparative Economics, vol. 46, n&#250;m. 3, 2018, pp. 874&#8211;888. DOI: 10.1016/j.jce.2018.07.013.</p></li><li><p>L&#243;pez-Taverne, Elvira. &#8220;Chile y las Primeras Relaciones Diplom&#225;tico-Comerciales.&#8221; Manuscrito no publicado, preparado para la Subsecretar&#237;a de Relaciones Econ&#243;micas Internacionales (SUBREI), Santiago, 2025.</p></li><li><p>Uni&#243;n Interparlamentaria (UIP). Women in Parliament: World Classification. Datos actualizados a enero de 2026. https://www.ipu.org/women-in-parliament</p></li><li><p>Women Political Leaders. WPL Report 2025: Women in Politics &#8212; Representation, Barriers and Impact. Women Political Leaders Global Forum, Bruselas, 2025.</p></li><li><p></p></li></ul>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El nodo que falta]]></title><description><![CDATA[Sobre c&#243;mo las cadenas globales de valor organizan el poder econ&#243;mico contempor&#225;neo]]></description><link>https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/el-nodo-que-falta</link><guid isPermaLink="false">https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/el-nodo-que-falta</guid><dc:creator><![CDATA[Claudia Sanhueza]]></dc:creator><pubDate>Sun, 10 May 2026 18:46:20 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/bb65284c-91bd-49ce-ae7a-b59392a79289_705x470.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En la columna pasada escrib&#237; sobre c&#243;mo algunos pa&#237;ses lograron transformar la apertura econ&#243;mica en desarrollo sostenido al construir capacidades productivas antes de que el crecimiento concentrara sus beneficios. Esta semana, a partir de la visita de Chris Miller a Chile, reflexiono sobre otro elemento clave de ese proceso: c&#243;mo las cadenas globales de valor distribuyen hoy el poder econ&#243;mico y tecnol&#243;gico.</p><p>La industria de semiconductores muestra con claridad que el valor no se concentra necesariamente en quienes poseen los recursos, sino en quienes controlan los nodos estrat&#233;gicos de las cadenas productivas. Am&#233;rica Latina tiene recursos fundamentales para la transici&#243;n energ&#233;tica, como litio, cobre y otros minerales cr&#237;ticos, pero sigue ocupando principalmente los primeros eslabones de esas cadenas y, por lo tanto, captura una fracci&#243;n menor del valor agregado.</p><p>La Estrategia Nacional del Litio, impulsada por Chile durante el gobierno de Gabriel Boric, representa un intento de avanzar m&#225;s all&#225; de ese lugar hist&#243;rico: utilizar recursos estrat&#233;gicos para construir capacidades productivas, articulando al Estado con el sector privado en torno a objetivos de largo plazo. Porque el desaf&#237;o no es solo extraer recursos. Es construir posiciones dentro de las cadenas que organizan el poder econ&#243;mico del siglo XXI.</p><div><hr></div><p>La semana pasada, Chris Miller visit&#243; Chile. Miller es el autor de <em>Chip War: The Fight for the World&#8217;s Most Critical Technology</em> (Miller, 2022), un libro que analiza a fondo los determinantes de la guerra tecnol&#243;gica que define nuestra &#233;poca. Se&#241;ala algo que parece t&#233;cnico, pero resulta ser profundamente pol&#237;tico: c&#243;mo se produce un semiconductor. La respuesta no es la que imaginamos.</p><p>No existe un &#8220;chip estadounidense&#8221;. Existe una cadena. El dise&#241;o se realiza en California, donde se genera cerca del 50% del valor agregado total de la industria (BCG &amp; SIA, 2024). Las m&#225;quinas que permiten grabar circuitos del grosor de un &#225;tomo las fabrica una sola empresa en el mundo, ASML, radicada en Pa&#237;ses Bajos. Los materiales vienen de Jap&#243;n. La manufactura avanzada ocurre en Taiw&#225;n, donde TSMC produce m&#225;s del 90% de los chips l&#243;gicos con tecnolog&#237;a por debajo de 7 nan&#243;metros disponibles hoy (BCG &amp; SIA, 2024). El ensamblaje est&#225; en el resto de Asia. Ning&#250;n pa&#237;s controla todo. Pero cada uno ocupa un nodo que los dem&#225;s no pueden reemplazar, y juntos sostienen una cadena de la que el mundo entero depende.</p><p>De esto podemos aprender al menos dos cosas. La distribuci&#243;n del poder econ&#243;mico global en el siglo XXI no se juega en los productos finales que se consumen, sino en qui&#233;n ocupa las posiciones dentro de las cadenas globales que otros no pueden reemplazar, y captura el valor que esas posiciones generan. Y la integraci&#243;n econ&#243;mica tampoco es hoy lo que sol&#237;a ser: no se basa en el intercambio de bienes finales, sino en insumos que forman parte de esas cadenas. Es, por tanto, una integraci&#243;n mucho m&#225;s profunda, y mucho m&#225;s dif&#237;cil de revertir.</p><p>Estados Unidos captura el 46% de los ingresos globales de semiconductores, aunque fabrica f&#237;sicamente solo el 12% de los chips (BCG &amp; SIA, 2024). Esa brecha no es una anomal&#237;a contable. Es la medida exacta de lo que implica controlar el dise&#241;o, el software y la propiedad intelectual en lugar del proceso f&#237;sico. El CHIPS Act, aprobado en 2022, destin&#243; USD 52,7 mil millones, de los cuales USD 39 mil millones van directamente a manufactura en suelo estadounidense (U.S. Congress, 2022). Su implementaci&#243;n ha enfrentado turbulencias pol&#237;ticas, pero incluso ese episodio confirma el argumento: la discusi&#243;n en Washington no es si el Estado debe coordinar la cadena, sino c&#243;mo y con qu&#233; instrumentos.</p><p>&#191;Y Am&#233;rica Latina? La regi&#243;n tambi&#233;n ocupa un lugar en las cadenas globales. El problema no es d&#243;nde est&#225;, sino que lleva d&#233;cadas en el mismo lugar. Chile y Argentina concentran cerca del 47% de las reservas globales de litio (USGS, 2024). Ocupan el primer nodo de una cadena que termina en las bater&#237;as que impulsan la transici&#243;n energ&#233;tica. Pero China construy&#243; todos los siguientes nodos: controla el 90% de la capacidad mundial de fabricaci&#243;n de materiales cat&#243;dicos, el 97% de los materiales an&#243;dicos y aproximadamente el 75% de la fabricaci&#243;n de celdas (IEA, 2024). Y en el nodo final de la cadena, produjo 12,4 millones de veh&#237;culos el&#233;ctricos en 2024, lo que representa m&#225;s del 70% de la producci&#243;n global (IEA, Global EV Outlook, 2025). El litio representa cerca del 7% del costo de los materiales de una bater&#237;a (SQM/UBS, 2018), el resto del valor se construye en etapas que Am&#233;rica Latina no controla.</p><p>Con el cobre ocurre lo mismo y la escala lo hace m&#225;s evidente. Chile produce el 24% del cobre mundial; Per&#250;, el 12%. Am&#233;rica Latina, en su conjunto, extrae cerca del 46% de la producci&#243;n global, casi la mitad del metal que conecta el mundo (Cochilco/Plusmining, 2024). China, en cambio, tiene solo el 4% de las reservas. Y aun as&#237; refina el 45% del cobre mundial (CSIS, 2024). Compra el mineral en el Salar de Atacama y en los Andes peruanos, lo procesa en sus propias plantas, y captura el valor de los nodos siguientes. Am&#233;rica Latina ocupa el primer lugar. China construy&#243; todos los dem&#225;s. Esa asimetr&#237;a no es geol&#243;gica. Es pol&#237;tica.</p><p>La industria de semiconductores muestra con claridad inusual lo que normalmente no se ve en el debate sobre el desarrollo: el valor no se distribuye de forma uniforme a lo largo de la cadena de valor. Est&#225; concentrado en los nodos m&#225;s dif&#237;ciles de reemplazar, los que requieren m&#225;s tecnolog&#237;a, mayor coordinaci&#243;n y una inversi&#243;n sostenida a lo largo del tiempo. Y esos nodos no se construyen espont&#225;neamente. Se dise&#241;an, se financian, se sostienen con pol&#237;ticas de largo plazo. Pa&#237;ses Bajos no tienen silicio. Jap&#243;n no dise&#241;a los chips m&#225;s avanzados. Taiw&#225;n no invent&#243; el semiconductor. Pero cada uno encontr&#243; un nodo dentro de la cadena que nadie m&#225;s puede ocupar, y lo convirti&#243; en poder econ&#243;mico.</p><p>Nuestra regi&#243;n llega a este momento con una ventaja que no tuvo antes: los recursos que el mundo necesita para la transici&#243;n energ&#233;tica est&#225;n aqu&#237; y los necesita ahora. Eso abre una ventana. Pero las ventanas se cierran. La Estrategia Nacional del Litio, impulsada por Chile, ten&#237;a justamente ese objetivo: no quedarse en el primer eslab&#243;n de la cadena, sino avanzar hacia los siguientes, donde se construye el valor que hoy no se captura. Extraer solamente no ancla la renta en el territorio ni genera la pr&#243;xima industria.</p><p>Chris Miller explic&#243; c&#243;mo los pa&#237;ses desarrollados forjaron la posici&#243;n de poder que hoy ocupan. Lo construyeron coordinando entre empresas, con apoyo de Estados y entre eslabones de una cadena que ninguno controla por completo, pero en la que todos participan. El mundo est&#225; m&#225;s integrado de lo que imaginamos, y los pa&#237;ses dependen unos de otros. La pregunta no es si participar en las cadenas globales. &#191;En qu&#233; lugar y con qu&#233; capacidad avanzar m&#225;s all&#225; del primer eslab&#243;n?</p><div><hr></div><p>Seguir&#233; escribiendo sobre estos temas en este espacio. El mundo se est&#225; reorganizando r&#225;pidamente y entender esos cambios requiere algo que hoy escasea: tiempo para reflexionar.</p><p></p><p></p><p><strong>Referencias</strong></p><ul><li><p>Boston Consulting Group &amp; Semiconductor Industry Association (2021, 2024) <em>Strengthening the Global Semiconductor Supply Chain in an Uncertain Era</em>.</p></li><li><p>Cochilco/Plusmining (2024).<em> Mercado internacional del cobre: producci&#243;n y participaci&#243;n por pa&#237;s</em>. Comisi&#243;n Chilena del Cobre.</p></li><li><p>Center for Strategic and International Studies CSIS (2024).<em> Latin America&#8217;s Role in the Global Copper Supply Chain</em>. CSIS.</p></li><li><p>International Energy Agency IEA (2024).<em> Critical Minerals Market Review</em> 2024.</p></li><li><p>International Energy Agency IEA (2025). <em>Global EV Outlook 2025: Trends in Electric Car Markets</em>.</p></li><li><p>SQM/UBS (2018). <em>Lithium Market Outlook: Cost Structure of Lithium-Ion Batteries. </em>Presentaci&#243;n corporativa SQM.</p></li><li><p>U.S. Congress (2022). <em>CHIPS and Science Act of 2022</em>.</p></li><li><p>U.S. Geological Survey USGS (2024). <em>Mineral Commodity Summaries: Lithium.</em> U.S. Department of the Interior.</p></li></ul>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Lo que Asia hizo primero]]></title><description><![CDATA[O c&#243;mo algunos pa&#237;ses organizaron el desarrollo antes de que el mercado concentrara sus beneficios]]></description><link>https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/lo-que-asia-hizo-primero</link><guid isPermaLink="false">https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/lo-que-asia-hizo-primero</guid><dc:creator><![CDATA[Claudia Sanhueza]]></dc:creator><pubDate>Sun, 03 May 2026 19:31:09 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/1a2881ac-660f-4d08-9557-88bafe9085e8_449x599.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En la columna anterior plante&#233; que el reordenamiento del poder global no se traducir&#225; autom&#225;ticamente en desarrollo y que el desaf&#237;o central es construir capacidades: estrategias, instituciones y coordinaci&#243;n.</p><p>La pregunta es c&#243;mo se hace eso en la pr&#225;ctica. &#191;Por qu&#233; algunos pa&#237;ses lograron transformar oportunidades en desarrollo sostenido, mientras que otros, con recursos similares, no?</p><div><hr></div><p>SANTIAGO. En 2023, en mi primer a&#241;o a cargo de las relaciones econ&#243;micas internacionales de Chile, particip&#233; en dos eventos que no se olvidan f&#225;cilmente. En Detroit, dirigentes sindicales norteamericanos se sentaron frente a los ministros de comercio del Foro de Cooperaci&#243;n Econ&#243;mica Asia-Pac&#237;fico (APEC). En Auckland, representantes del pueblo maor&#237; participaron activamente en la evaluaci&#243;n del acuerdo comercial CPTPP. No son hechos aislados. Son evidencia de que incluso las econom&#237;as m&#225;s abiertas est&#225;n intentando reinsertar a las comunidades en el coraz&#243;n de la pol&#237;tica econ&#243;mica.</p><p>Detroit no fue una elecci&#243;n casual. Es un s&#237;mbolo del costo humano de la desindustrializaci&#243;n: una ciudad que fue el coraz&#243;n de la industria automotriz norteamericana y que la globalizaci&#243;n dej&#243; pr&#225;cticamente vac&#237;a. La administraci&#243;n Biden convoc&#243; all&#237; a sindicatos, pymes y pueblos originarios para sentarlos frente a los ministros de comercio. El mensaje era claro: esta conversaci&#243;n no puede darse sin quienes cargaron con el costo de la integraci&#243;n.</p><p>Auckland tampoco fue casual. Y en el Foro de Cooperaci&#243;n Econ&#243;mica Ind&#237;gena (IPETCA), que opera en el marco de APEC, los pueblos originarios del Pac&#237;fico no fueron consultados al margen, sino sentados en la mesa. Como se&#241;al&#243; Marilynn Malerba ante los ministros: la econom&#237;a ind&#237;gena no se trata solo de riqueza, sino de cuidar a las comunidades.</p><p>Esto no es simb&#243;lico. Es el reconocimiento de que el di&#225;logo econ&#243;mico internacional necesita convocar a la sociedad civil, a los trabajadores y a las comunidades, o bien perder&#225; legitimidad. Y cuando pierde legitimidad, genera el descontento pol&#237;tico que hoy fractura el orden que construy&#243;.</p><p>Hay evidencia de que existen alternativas de desarrollo m&#225;s sostenibles. La desigualdad de mercado es menor en varios pa&#237;ses asi&#225;ticos que en econom&#237;as occidentales comparables (OCDE y WID). Corea del Sur, por ejemplo, registraba un Gini de mercado de 0,34, muy por debajo del promedio de la OCDE (OCDE, 2009). No redistribuye solo despu&#233;s: distribuye desde la estructura productiva.</p><p>El polit&#243;logo Atul Kohli (Kohli, 2004) explic&#243; este patr&#243;n: los estados que denomina &#8220;cohesivos-capitalistas&#8221;, como el coreano, lograron industrializarse organizando la relaci&#243;n entre el Estado y las empresas en torno a objetivos de largo plazo, condicionando los apoyos al desempe&#241;o en t&#233;rminos de empleo y productividad.</p><p>En Corea del Sur se observan tres mecanismos clave. Primero, la pol&#237;tica industrial vincul&#243; el cr&#233;dito y la protecci&#243;n a metas de exportaci&#243;n, de empleo y de formaci&#243;n  (Amsden, 1989; Kohli, 2004; Lim, 2013). Segundo, la inversi&#243;n en educaci&#243;n precedi&#243; a la industrializaci&#243;n, distribuyendo capacidades antes de que el mercado las demandara  (Amsden, 1989; UNDP). Tercero, la reforma agraria desconcentr&#243; la propiedad antes del despegue industrial  (Ban et al., 1980; Kohli, 2004; Kim y Kim, 2021). No fue solo crecimiento. Fue un dise&#241;o deliberado para que el crecimiento no concentrara poder desde el inicio.</p><p>El programa Saemaul Undong, iniciativa de desarrollo rural de los a&#241;os 70 en Corea del Sur lanzada para modernizar las zonas rurales, ilustra esa l&#243;gica: no lleg&#243; despu&#233;s de la migraci&#243;n, sino antes, con infraestructura, educaci&#243;n y participaci&#243;n.</p><p>Esto no invalida la redistribuci&#243;n posterior. Los pa&#237;ses n&#243;rdicos construyeron cohesi&#243;n social mediante impuestos progresivos y servicios p&#250;blicos universales. La diferencia no es ideol&#243;gica. Es temporal: algunos distribuyen antes del mercado; otros corrigen despu&#233;s.</p><p>La pregunta, entonces, no es elegir entre ambas. Es c&#243;mo hacer las dos cosas y en qu&#233; orden. Ambas requieren un Estado con capacidad real: para orientar la estructura productiva, recaudar, proveer servicios y resistir la captura. Esa capacidad no se improvisa. Se construye.</p><p>Am&#233;rica Latina tiene una deuda pendiente. No se han dise&#241;ado estrategias productivas que distribuyan desde el origen, ni se ha desarrollado la capacidad fiscal e institucional para redistribuir despu&#233;s. Nuestras econom&#237;as no cuentan ni con el plan asi&#225;tico ni con la capacidad redistributiva n&#243;rdica.</p><p>Este patr&#243;n no es reciente. El Banco Mundial (De Ferranti et al., 2004) mostr&#243; que la desigualdad en la regi&#243;n no es solo el resultado del mercado. Tiene ra&#237;ces hist&#243;ricas: la concentraci&#243;n de la tierra, la desigualdad educativa y el acceso desigual a servicios b&#225;sicos. No son consecuencias del crecimiento. Son sus condiciones iniciales.</p><p>El desaf&#237;o no es solo t&#233;cnico. Requiere coaliciones amplias capaces de sostener reformas sin ser capturadas por intereses sectoriales. Y ese ha sido uno de los d&#233;ficits m&#225;s persistentes de la regi&#243;n.</p><p>El resultado es conocido. Abrimos nuestras econom&#237;as con rapidez, muchas veces sin estrategia ni mecanismos para distribuir sus beneficios. Las ciudades crecieron, pero no siempre como espacios de movilidad social, sino como territorios fragmentados. No fue solo atolondramiento. Fue tambi&#233;n la dificultad de construir relaciones institucionales estables entre el Estado y los sectores productivos.</p><p>Esa dificultad no es solo dom&#233;stica. Tiene una expresi&#243;n global.</p><p>El Ministerio de Defensa del Reino Unido (UK Ministry of Defence, 2024) proyecta un escenario de Fragmentaci&#243;n: un mundo en el que el poder est&#225; difuso, pero nadie coopera. Ese escenario no es abstracto. Es una proyecci&#243;n de lo que ocurre en pa&#237;ses que no logran construir coaliciones para el desarrollo. Am&#233;rica Latina conoce bien esa din&#225;mica. La fragmentaci&#243;n no empieza afuera. Empieza en casa.</p><p>El ant&#237;doto es similar en ambos niveles: coordinaci&#243;n deliberada, di&#225;logo institucionalizado y capacidad para construir posiciones colectivas. En ese esfuerzo, mirar hacia Asia puede ampliar la perspectiva. No porque sus experiencias sean replicables, sino porque muestran lo que ocurre cuando un Estado llega con un plan y logra articular actores diversos en torno a objetivos comunes.</p><p>La pregunta, entonces, no es solo c&#243;mo crecer ni c&#243;mo insertarse en la econom&#237;a global. Es c&#243;mo hacerlo construyendo las coaliciones que sostienen ese proceso a lo largo del tiempo.</p><p></p><div><hr></div><p>La pr&#243;xima columna abordar&#225; una dimensi&#243;n concreta de ese desaf&#237;o: si Am&#233;rica Latina puede capturar el valor de sus recursos naturales y, esta vez, ser diferente.</p><p></p><p>Referencias</p><ul><li><p>Amsden, A. (1989). Asia&#8217;s Next Giant: South Korea and Late Industrialization. Oxford University Press.</p></li><li><p>Ban, S.H. et al. (1980). Rural Development. Harvard University Press.</p></li><li><p>De Ferranti, D., Perry, G., Ferreira, F. y Walton, M. (2004). Inequality in Latin America: Breaking with History? World Bank.</p></li><li><p>Kim, J. y Kim, S. (2021). Structural transformation and inequality: The case of South Korea. ScienceDirect.</p></li><li><p>Kohli, A. (2004). State-Directed Development: Political Power and Industrialization in the Global Periphery. Cambridge University Press.</p></li><li><p>Lim, W. (2013). The Chaebol and Industrial Policy in Korea. En Stiglitz, J.E. y Lin, J.Y. (eds.), The Industrial Policy Revolution I. Palgrave Macmillan.</p></li><li><p>OCDE, Income Distribution Database. https://www.oecd.org/en/data/indicators/income-inequality.html</p></li><li><p>UK Ministry of Defence (2024). Global Strategic Trends: Out to 2055, 7th edition.</p></li><li><p>APEC (2023). APEC Advances Indigenous Peoples&#8217; Economic Priorities through Trade. https://www.apec.org/press/news-releases/2023/apec-advances-indigenous-peoples-economic-priorities-through-trade</p></li></ul>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Reglas para el resto de nosotros]]></title><description><![CDATA[El Sur Global en un orden internacional en transformaci&#243;n]]></description><link>https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/reglas-para-el-resto-de-nosotros</link><guid isPermaLink="false">https://desdeelsurdelmundo.substack.com/p/reglas-para-el-resto-de-nosotros</guid><dc:creator><![CDATA[Claudia Sanhueza]]></dc:creator><pubDate>Sun, 26 Apr 2026 14:56:39 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/7e2e8b05-bbd9-4af2-ae58-842986d700d8_336x381.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana publiqu&#233; una <a href="https://www.project-syndicate.org/commentary/global-south-can-build-trading-system-that-applies-rules-to-all-by-claudia-sanhueza-1-2026-04">columna en Project Syndicate</a> (versi&#243;n original en ingles) sobre el cambio en el equilibrio del poder global y lo que significa para el Sur Global.</p><p>Es un tema que me ha tocado directamente. Durante mi trabajo reciente en relaciones econ&#243;micas internacionales, vi como los cambios que se observan en los datos tienen implicancias reales en las din&#225;micas de una mesa de negociaci&#243;n. El poder global hoy est&#225; mejor distribuido, pero eso no garantiza mejores resultados.</p><div><hr></div><p><strong>Reglas para el resto de nosotros</strong><br><br><em>Por Claudia Sanhueza</em></p><p>SANTIAGO. Por d&#233;cadas, el poder global proven&#237;a de Europa y Estados Unidos. Ciertamente, esa era mi visi&#243;n cuando pis&#233; por primera vez el Hemisferio Norte como estudiante de posgrado de la Universidad de Cambridge. Sin embargo, estar a cargo de las relaciones econ&#243;micas internacionales de Chile durante el mandato del ex Presidente Gabriel Boric me revel&#243; cu&#225;nto poder puede ejercer el Sur Global, si decide hacerlo.</p><p>Esto es evidente no solo en los datos, sino tambi&#233;n en la mesa de negociaci&#243;n. En 2025, viaj&#233; junto al Presidente Boric, otros ministros y ministras del gabinete, l&#237;deres empresariales, acad&#233;micos, figuras culturales y emprendedores chilenos a India para lanzar la negociaci&#243;n de un Acuerdo de Asociaci&#243;n Econ&#243;mica Integral. Ambas partes segu&#237;an las prescripciones de pol&#237;tica que los economistas del desarrollo han sostenido por d&#233;cadas: diversificar socios comerciales, abrir nuevos mercados y profundizar la integraci&#243;n Sur-Sur.</p><p>Pero durante el viaje, el presidente estadounidense Donald Trump anunci&#243; sus aranceles &#8220;rec&#237;procos&#8221; contra la mayor&#237;a de los socios comerciales de Estados Unidos, rompiendo las reglas del comercio global. Para el Sur Global, esto fue un golpe en la cara. Nunca esperamos que el desarrollo estuviera libre de problemas y contradicciones. Pero la direcci&#243;n era clara: una mayor integraci&#243;n econ&#243;mica global potenciar&#237;a el crecimiento. Y las reglas e instituciones eran compartidas, hasta que el pa&#237;s que las dise&#241;&#243; decidi&#243; eximirse de ellas.</p><p>Quiz&#225;s lo m&#225;s parad&#243;jico es que el sistema multilateral basado en reglas funcion&#243; para el mundo en desarrollo. En 1952, Estados Unidos, con solo el 6% de la poblaci&#243;n mundial, produc&#237;a el 40% del PIB global (Milanovic, Foreign Affairs, 2023). Hoy, en cambio, produce cerca del 15% en t&#233;rminos de paridad de poder adquisitivo, mientras China ha pasado de casi nada al 20% (IMF, World Economic Outlook, 2026).</p><p>La redistribuci&#243;n se extiende m&#225;s all&#225; del eje Estados Unidos&#8211;China. En los a&#241;os setenta, la econom&#237;a de Alemania era el doble que la de India; hoy, la de India es casi tres veces mayor que la de Alemania. El economista Branko Milanovi&#263; ha llamado esto &#8220;el mayor reordenamiento de la distribuci&#243;n global del ingreso desde la Revoluci&#243;n Industrial&#8221;.</p><p>Como mostraron Milanovi&#263; y Christoph Lakner, las mayores ganancias relativas de ingresos entre 1988 y 2008 fueron para cientos de millones de personas en torno a la mediana global, en su mayor&#237;a en pa&#237;ses asi&#225;ticos, que pasaron a integrar la clase media. El mismo proceso condujo al estancamiento de los ingresos de las clases trabajadoras y medias de los pa&#237;ses ricos. El sistema redujo la pobreza global y desplaz&#243; el equilibrio internacional del poder.</p><p>La integraci&#243;n a la econom&#237;a global fue una condici&#243;n necesaria, pero no suficiente para el desarrollo. Los pa&#237;ses que m&#225;s se beneficiaron de la globalizaci&#243;n ten&#237;an un plan. China es el ejemplo m&#225;s evidente, pero Corea del Sur, Vietnam, Indonesia y otros siguieron un camino similar: dise&#241;aron estrategias de desarrollo de largo plazo; invirtieron en educaci&#243;n, pol&#237;tica industrial y tecnol&#243;gica; y se integraron selectivamente a los mercados globales.</p><p>Los pa&#237;ses que carecieron de ese plan, en particular en el mundo desarrollado, abrieron sus econom&#237;as sin construir la capacidad interna para redistribuir las ganancias. Ese fracaso en gestionar los riesgos de la globalizaci&#243;n se ha convertido en un problema de todos, porque gener&#243; el descontento pol&#237;tico que hoy sacude a Occidente y fractura el orden internacional.</p><p>Algunos de los mayores desaf&#237;os que enfrenta el mundo hoy, incluyendo el cambio clim&#225;tico y la gesti&#243;n de la inteligencia artificial, solo pueden abordarse mediante reglas comunes, instituciones compartidas y colaboraci&#243;n transfronteriza. Sabemos que el cambio tecnol&#243;gico es uno de los principales impulsores del aumento de la desigualdad al interior de los pa&#237;ses, y que los m&#225;s pobres y vulnerables del mundo son quienes sufren las mayores consecuencias de la crisis clim&#225;tica. Ambos problemas exigen di&#225;logo, y ninguno puede resolverse mediante la acci&#243;n unilateral de los m&#225;s poderosos.</p><p>Muchos de los recursos cr&#237;ticos necesarios para enfrentar el cambio clim&#225;tico e impulsar la transici&#243;n tecnol&#243;gica, desde el cobre y el litio hasta las tierras raras y los bosques tropicales, se concentran en Am&#233;rica Latina, d&#225;ndole a la regi&#243;n un nuevo poder. Pero poder sin coordinaci&#243;n genera vulnerabilidad. Y hoy, Am&#233;rica Latina carece de una estrategia regional.</p><p>Construirla no deber&#237;a ser un sue&#241;o. La Asociaci&#243;n de Naciones del Sudeste Asi&#225;tico se fund&#243; en el reconocimiento de que las econom&#237;as m&#225;s peque&#241;as necesitan posiciones colectivas, marcos compartidos y estrategias coordinadas para negociar con las grandes potencias desde una posici&#243;n de mayor fortaleza. En la medida en que las reglas que alguna vez limitaron a esas potencias se debilitan, la solidaridad regional se vuelve a&#250;n m&#225;s importante.</p><p>Fortalecer los v&#237;nculos entre los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil de Am&#233;rica Latina ya no es una opci&#243;n: es un imperativo que exige agendas nacionales s&#243;lidas.</p><p>Si algo nos ense&#241;&#243; la &#250;ltima ola de globalizaci&#243;n es la importancia de pol&#237;ticas que redistribuyan equitativamente sus beneficios, fortalezcan los sistemas educativos y utilicen la pol&#237;tica fiscal para transformar las rentas de los recursos naturales en inversi&#243;n p&#250;blica. Las instituciones p&#250;blicas deben ser lo suficientemente resistentes a la captura de intereses privados. Las pol&#237;ticas industriales y tecnol&#243;gicas de largo plazo son indispensables. Esa planificaci&#243;n es la diferencia entre el desarrollo y la dependencia.</p><p>Cuando el actual momento de disrupci&#243;n en el orden internacional abra el camino a su reconstrucci&#243;n, el Sur Global debe llegar a la mesa con propuestas, no solo con quejas. El orden que hoy se fractura fue construido en gran medida sin nosotros, pero eso no tiene por qu&#233; repetirse. Los pa&#237;ses que no pueden imponer sus preferencias por la fuerza deben continuar con el trabajo, poco visible pero esencial, de la coordinaci&#243;n y la colaboraci&#243;n. Solo as&#237; podremos construir un sistema global en que las reglas se apliquen a todos.</p><div><hr></div><p>El reordenamiento del poder global abre un nuevo camino, pero este no se traducir&#225; autom&#225;ticamente en desarrollo.</p><p>El desaf&#237;o no es solo aprovechar las nuevas oportunidades, sino construir capacidades: generar y coordinar estrategias, fortalecer instituciones y transformar recursos en desarrollo productivo y sostenible.</p><p>Sobre eso escribir&#233; en este espacio en las pr&#243;ximas semanas.</p>]]></content:encoded></item></channel></rss>